viernes, 25 de septiembre de 2009

Calma aparente

Castillo de Hércules - Playa de la Barrosa (Chiclana de la Frontera)

Cuando miro al mar, solo veo reflejos en su superficie, y cuando me sumerjo en él, no consigo verlo, pero llego a experimentarlo y soy mucho más consciente de lo que esconde.

Estoy cansado de consejos inocuos, que me incitan una y otra vez a dirigirle la mirada.
Al mar, como a la vida misma, pero sólo superficialmente.

Superficialmente, al hacernos diestros en la falsa virtud de atajar problemas indefinidamente, como una burbuja que emerge sigilosamente desde el fondo, para acabar flotando justo allí donde la podemos alcanzar, o simplemente divisar, tal vez disolviéndose en otra mayor, pero siempre en solitario, como única culpable de nuestra desgracia.

Superficialmente, al dejarnos llevar por el placer de esos instantes de aparente tranquilidad, entre burbuja y burbuja, en los que parece que todo está bien. La mente, no sólo se nutre de lo amargo, sino también de lo dulce, y tiene nuestra total complicidad en éste caso para saborear el postre al final del banquete y seguir ejercitando, desde lo más profundo, el arte del secuestro...

Y cuando me sumerjo en él, no consigo verlo, pero llego a experimentarlo y soy mucho más consciente de lo que esconde...

jueves, 17 de septiembre de 2009

A contraluz

Garganta de puerto oscuro - Ladera del monte Picacho (Alcalá de los Gazules)

Todo aquel que me conoce, sabe que soy hombre de pocas palabras. Y todo aquel que me conoce mejor, sabe que hay ciertos temas de especial trascendencia para mí, sobre los que podría hablar durante años, sin que nadie pudiese hacerme callar.

Trascendencia vital que, en ocasiones y rozando lo absurdo, se antepone a la de mi propia existencia, hasta el punto de llegar a ser ésta considerada como encubridora necesaria de la búsqueda, del desarrollo y la resolución de mis inquietudes; mi vida, como 'tapadera' de mis adentros.

Sin intención alguna de entrar a valorar las ventajas e inconvenientes que este particular 'sentido de la vida' o 'razón de ser', desgraciado en apariencia (incapaz sería a priori) y que ante todo me hace distinguir entre 'el ocaso de la mirada' y 'la mirada del ocaso', me gustaría exponer hoy una historia, acontecida en uno de mis largos paseos por el bosque, en los que -casi siempre- termino por fundirme con la naturaleza.

Llevaba ya casi dos horas caminando entre alcornocales; árboles que daban ya cobijo a un sol especialmente anaranjado, cuando me topé con un hombre de mediana edad que debía proceder del lugar de mi destino. Con un ademán interesado, me invitó a detener la marcha, para dirigirme a continuación la palabra.

Me preguntó sobre el camino que tenía yo a mis espaldas, con la curiosidad de saber si sería capaz de alcanzar su meta, antes que el sol, para no quedarse completamente a oscuras.

Mientras le explicaba la travesía que aún tenía por delante, me llamó la atención la extraordinaria dedicación (casi devoción) con que ambos, nos entregábamos a aquel diálogo.

La conexión era total.

Podía observar cómo cada palabra dirigida a mi interlocutor, producía diminutas ondas sobre el tejido muscular de su rostro, y una mínima variación en el tono empleado, parecía traducirse en descargas eléctricas que alteraban la pronunciación de sus cejas y la amplitud de las cuencas de sus ojos, seguido de una leve sacudida de su cabeza justo allá a donde se dirigía en cada momento la fluctuante frecuencia de mi voz. Entretanto, su mirada era capaz de contrarrestar a la perfección los movimientos de mi cabeza, los de mi cuerpo, y todos los suyos, para converger fielmente en mi entrecejo. En suma, tenía la impresión de estar, por medio de una infinidad de hilos invisibles, apoderándome de sus impulsos, e incluso inaugurando aquella nueva extensión de mi propia musculatura…

No recuerdo qué estaba yo diciendo en aquel momento cuando, de forma repentina, su rostro cristalizó. La tensión acumulada en sus facciones se esfumó paulatinamente durante el transcurso de poco más de un segundo y sus pupilas, coincidentes aún con las mías, se abrieron hacia el infinito, antes de permanecer inmóviles e indiferentes a cuantas interpretaciones gestuales hacía yo mismo de mis propias palabras.

Parecía un embrujo.

Me había abandonado a mí, y conmigo, toda percepción de su realidad externa. Su mente, aprovechando un cruce de caminos, había tomado las riendas de su vida y ya no había presente para él.

Mientras podía observar a cierta distancia cómo el torrente de mi voz continuaba impasible ante tal encantamiento, no pude yo resistirme a realizar ciertos experimentos, con tímidos cabeceos, más y más prolongados cada vez, como péndulo acomplejado ante la pasividad de sus ojos, y cuyo objetivo no era otro que testimoniar la ñoñez de aquella mirada perdida.

Mi descortesía llegó a tal extremo, que me vi situado justo detrás de aquel sujeto, hablándole a un oído y después, al otro; cacheándole sin tocarle, para luego sentir que me alejaba sigilosamente de espaldas, casi bailando, y jugaba a encajar su contorno con el de la espesa arboleda que, más adelante, parecía abrazar el camino.

Las palabras, continuaban resonando a lo lejos sobre aquella silueta a contraluz, solitaria e inmóvil, y hacían eco entre montañas dicromáticas, bajo un cielo perfumado, tardío y sobre todo, solemne, en cuya comprensión, pude apreciar un pliego de la realidad, certificado del creador, que no merece ser descrito aquí.

Y entre palabras exiguas, casi de otro mundo, y justo antes de ver a un Santo bajar del cielo, llegué a percibir una palmadita en el hombro, y el asalto de otras palabras mucho más nítidas, que no habían sido articuladas por mí:

- Eh, oiga, pero… ¿me está escuchando?... se me hace tarde, y quería saber… –

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Aquel día, el rasero de medir mi superación, descendió al nivel de mis limitaciones. En aquel intento desacertado de ser uno con la naturaleza, resulté de nuevo secuestrado y dejé de ser… Quedó a mis ojos demostrado, que el ciego que aprende a ver, comparte aún la misma ceguera que el sano…

…¿me está escuchando?


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domingo, 13 de septiembre de 2009

Premio Príncipe


Aunque no creo merecerlo (y como siempre digo: ahora me expongo al peligroso riesgo de creérmelo), tengo el honor de recibir este premio por parte de SOY LO QUE SOY, autora de uno de los mejores blogs que he visitado hasta el momento:


¡¡¡ Gracias SOY, tú has de ser hallada !!!

martes, 8 de septiembre de 2009

Lucidez arquitectónica

Ocaso sobre San Fernando

Nunca comprenderé por qué añoramos tanto a la SUERTE y nos afanamos en cambiar la realidad para ser más felices. Si somos incapaces de aceptar LO QUE ES, ¿de qué servirá cambiarlo?... ¡¡¡ no dejará de ser LO QUE ES y seguiremos sin aceptarlo !!!

¿Qué tal un pequeño ejercicio y le damos la vuelta?

Si quieres que se cumplan todos tus sueños, si quieres suerte a raudales... ¡¡¡ abraza la realidad, lo que eres y lo que tienes !!!... sé como el preso que ama su celda... y no te confundas, que no habrá nunca un ejercicio más inconformista, de mayor lucidez y rebeldía, que aquel que se enfrenta a LO QUE NO ES, y consigue cambiar la realidad... aceptándola.

Sólo de esta forma, deseando todo cuanto tienes, llegas a tener todo cuanto deseas, y sólo entonces y ante tu sorpresa e indiferencia, el cambio fluye... aceptando por fin y para siempre, LO QUE ES y su dinamismo, sea lo que sea y sea el que sea.

Al fin y al cabo, y esta es mi humilde opinión, aquello que llamamos SUERTE, no es más que la coincidencia entre la voluntad de Dios y la de los hombres...

"La piedra que desecharon los arquitectos..."

martes, 1 de septiembre de 2009

Escombros de crecimiento

Ruinas del poblado de Sancti-Petri (Chiclana de la Frontera)

A ti, compañero infatigable y eterno, sombra de mi sombra, cumbre de la autosuficiencia, comediante absoluto del relativismo...

A ti, que deambulas escondido entre rincones de fronteras semiquebradas y duermes despierto detrás de un pelo; alimentas tu astucia de los escombros de mi superación, y osas oler a podrido, si con ello aparentas estar muerto.

A ti, aquel que, únicamente para ser más, se proclama extraño y singular, generoso y humilde, víctima y enfermo; abandonado, para sentirse único; para no ser creado, fruto de la nada; uno más, para añadirse el signo...

A ti me dirijo, y no olvides ésta, mi máxima, que no la olvidaré yo, para no perderte el rastro:

No te he aniquilado, no has muerto, y jamás voy a poder contigo...

...que a cambio acallaré por siempre aquellos ecos de arrogancia, poder y sabiduría maltrecha, que resuenan galopantes e interminables en este vasto espacio de mi conciencia, ahora dilatado...

...y no me cuentes más de mis anhelos, mis carencias, ni siquiera de mis grandezas, no quiero oirte hablar de Dios, de su ausencia...

...que sólo queda creer ciegamente 'en' aquel que demostró con hechos...

...haberte derrotado.


A mi ego.


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viernes, 28 de agosto de 2009

Muscidae Occasus

El crepúsculo (Salinas de San Fernando)

Se había decidido por fin a abandonar aquel espacio reducido y polvoriento.

Conocía con exactitud todos y cada una de las columnas blancas que se alzaban en varios niveles y que cubrían casi en su totalidad uno de los laterales de aquel solitario habitáculo.

Desde el lugar donde se encontraba, podía contemplar muy bien la vacuidad del plano opuesto. Su cercanía, explicaba la extenuación al que le habían llevado los repetidos cambios de dirección de sus últimos desplazamientos.

Con una velocidad prodigiosa, giró su cuerpo justo lo suficiente para alinearse con los últimos rayos de sol que penetraban por el vértice superior de un hueco practicado en el lateral estrecho; hueco, que un día antes había permitido su entrada a un nuevo mundo rectilíneo y que ahora le ofrecía, por segunda vez, la posibilidad de contemplar multiplicada por mil y como si de una exposición de gradientes dinámicos de color se tratase, la belleza de aquel ocaso, sobre hileras de espejos plateados y montañas de sal.

Justo cuando el penúltimo rayo abandonó el último fotograma de su colmena visual, dió media vuelta tan rápidamente, que aún pudo apreciar la agonía del último hilo de su propia sombra. Sin duda alguna esta vez, una hora más tarde, hubiera sido capaz en total ausencia de luz, de entrar y salir sin percance alguno de todos aquellos agujeros de borde brillante al pie de cada columna, en cuyo interior, entre cantos de papel amarillo, había estado sembrando su propia descendencia.

Pero ya estaba decidido.

Con un movimiento casi inapreciable como de estremecimiento, pareció menguar a la posición de salida y acto seguido, se lanzó al vacío.

Una vez alcanzado en línea recta su objetivo: un fino halo vertical resplandeciente, otrora grueso a merced de las corrientes de aire, ya había descendido lo justo para situarse a media altura y... con un quiebro en firme, sólo faltó el trazo de media elipse cuasi perfecta para hallarse fuera.

Abandonado ya el hastío de lo conocido, sobrevoló con lentitud un prolongado y claro recinto sobreiluminado y siempre rectangular, para acceder a otro, mucho más espacioso y cúbico, donde la luz se repartía de forma desigual entre alargados focos deslumbrantes desde lo alto y algunas imágenes dinámicas estampadas a un lado, que captaban la atención de ciertos seres enormes y extremadamente torpes de movimiento. El lado opuesto, a sus espaldas y carente de objetos, mostraba un generoso hueco al exterior que había estado aportándoles luz, sólo eso, y ahora, convertido en crepúsculo, ya no contaba para ellos.

Nada más entrar, fijó su atención en un punto vacío, céntrico, equidistante de todo cuanto allí había y una vez más, con decisión, se dispuso a alcanzarlo.

Aproximarse a aquel lugar imaginario, le aportaba seguridad, al tiempo que lograba disipar toda la incertidumbre e inquietud acumuladas durante la nueva travesía. Lo cruzó con la exactitud de un relojero, percatándose poco más allá de que empezaba a alejarse y entonces, retrocedió bruscamente.

Así se mantuvo. Zigzagueaba sobre el plano ecuatorial de aquella sala,... siempre buscando el centro.

Los nuevos olores y la variedad de formas percibidas, conseguían distraer progresivamente su atención y alterar sus vaivenes, haciéndolos cada vez más prolongados y periféricos. Parecía incluso mostrar la apariencia de estar firmando su destino... De ser cuantificable, hubiera podido demostrarse la asombrosa proporcionalidad directa entre lo que distaba de aquel punto céntrico virtual y el irrefrenable deseo hacia lo desconocido, así como la proporcionalidad inversa entre éstos, y la ya diluida sensación de paz y seguridad, derramada en cada nuevo estímulo.

Y así, embriagada por aquella atmósfera pintoresca que era ya reconocida a escasa distancia entre numerosos torbellinos y piruetas varias, se dejó caer, no sin cautela, sobre una superficie a primera vista curva y heterogénea, que al instante resultó transitable y porosa, después cálida y apetecible, y finalmente... salada.

El éxtasis duró sólo un segundo.

La leve inclinación percibida bajo uno de sus apoyos traseros, cambió drásticamente su proyecto vital, centrado ahora en un único objetivo: la huída. Con cierta urgencia exagerada preparó la posición y levantó el vuelo. A escasa distancia pero a salvo, pudo observar la ejecución completa de la amenaza anunciada: una sacudida de velocidad ilusoria con que aquella protuberancia exquisita pero hostil, le mostraba su rechazo y abandonaba su posición original, arrastrando una oscura y enorme plataforma rectangular y perdiéndose con ella más allá de lo relevante.

En su lugar, quedaba al descubierto una porción considerable de otra planicie mucho más extensa y brillante, sobre la que se apoyaban algunos objetos muy atractivos, los cuales habían sido en número y tamaño suficientes, como para hacerla inapreciable justo hasta ese momento.

Con su firmeza habitual, descendió para analizarlos y... mientras avanzaba a pasos entrecortados, ocurrió...

Una sombra repentina desde atrás le impulsó a retomar el vuelo hacia delante, pero esta vez la urgencia era tal, que tuvo que omitir ese movimiento reflejo imprescindible para tomar velocidad. Tras un salto en oblicuo y mientras conseguía elevarse a duras penas, se percató al fin de lo que, irremediablemente, ya tenía encima....... mmmm......

......cabalgata de imágenes......

......silencio......

......inclinación......

......vértigo......

......y otro golpe, mucho más tenue y lejano, ya casi inapreciable, para acabar allí afuera, en la soledad de su última percepción:

Mientras un manto rojizo seguido por otro sin color iba cubriendo de un lado a otro y cariñosamente su múltiple exposición visual, se ancló allí, en el último fotograma, refugio de su vida, para recrearse por última vez en la majestuosidad de aquel crepúsculo, sobre hileras de espejos plateados y montañas de sal.

Ahora el centro...... ocupaba su lugar.


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lunes, 24 de agosto de 2009

El yo y el conmigo

Loma del Puerco (Chiclana de la Frontera)

"No puedo seguir viviendo conmigo. Ese pensamiento se repetía en mi mente una y otra vez. Entonces, de repente, me di cuenta de que era un pensamiento muy peculiar: ¿soy uno o dos? Si no puedo vivir conmigo, debe de haber dos yoes: el yo y el conmigo con el que ya no puedo vivir. Quizá, pensé, sólo uno de los dos sea real."

Eckhart Tolle

jueves, 20 de agosto de 2009

Tengo un problema

Nubarrones sobre el río Iro (Chiclana de la Frontera)

Cuando crees que tienes un problema... ¿no tienes la sensación de estar ante una gran nube oscura y amenazante?

Analicémoslo.

¿No es cierto que la preocupación originada por el problema está siempre basada en acontecimientos pasados o miedo al futuro? ¿No podrías seccionarla en infinidad de supuestas 'implicaciones negativas' que afectan a tu persona, ya sea directa o indirectamente, aplicadas a un gran número de situaciones pasadas o aún por venir en tu vida?

Pues bien, aun suponiendo que todas estos efectos sean realmente negativos, que ya es suponer y es otra historia, debes tener en cuenta esto: el momento que vives no podría soportar tanta negatividad simultánea, pero tu mente se encarga de hacértelo creer. Toda esa 'masa' negativa que imaginas contenida en la nube que se acerca o se aleja y no puedes dejar de observar, es incontenible en el presente, en el único instante en el que te encuentras y llegas a experimentar. Pero tu mente se lleva muy mal con el estado de 'presencia' y te hace salir de aquí una y otra vez.

Si no te convence esto, dime,

¿tienes algún problema ahora?

No ayer, ni hace una hora, ni siquiera diez minutos, ni dentro de cinco, ni después, ni a partir de mañana, ni el mes que viene, sino justo en este momento, ¿lo tienes? ¿verdad que no?

Esa es tu vida.

Siempre ha sido así y siempre lo será. Ocúpate de ella, pero en serio.

Personalmente, me ha aportado mucha positividad darme cuenta de que los problemas son como las nubes...

...sólo oscurecen en la lejanía...

...pero tengo un problema:

mi mente lo sabe...

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