domingo, 19 de diciembre de 2010

Sueños e introspección


No encontré semejanza mayor a mi vida, que en una cadena de propósitos y anhelos, ininterrumpida, en la que se enlazan infinidad de eslabones, tan numerosos como breves, tan escasos como eternos...

Y en la apariencia monocromática del vasto espacio de cada sueño a los que lanzo mis intenciones, puedo ver seis anillos concéntricos bien diferenciados. En esas posiciones he anclado progresivamente las miras desde fuera hacia dentro, creyéndolas como definitivas cada vez y llegando siempre a despreciar los externos… por inútiles. Aunque tal vez sea más ético decir que dan sentido a cada nueva posición interna, es extraordinario ver cómo a penas pueden condicionarla en lo más mínimo. Debe ser así precisamente, por la mayor imprevisibilidad de razonamiento desde la que se juzga cada posición para acceder a la siguiente, dada a su cercanía al deseo y por cuanto se aleja de su aniquilación.

Estos son los seis estadios que pusieron a prueba mi introspectiva:

En la ancha periferia y en contacto con la nada, el deseo convencional, el instintivo, el rudimentario.

Más allá del deseo… cómo lo percibo.

Más importante que el modo en que percibo el deseo… cómo interpreto su percepción.

Más trascendental que la interpretación del modo en que percibo el deseo e indiferente a la distancia a la que la realidad se sitúa de cada apreciación… el motivo de esa interpretación.

Más relevante aún que el motivo y la veracidad que lo coteja, justo después y nunca anterior a mi desesperada reiteración en la búsqueda de porqués… su aceptación.

Y oculto en la aceptación, el círculo central: un blanco en el objetivo, un objetivo en el blanco. Aquel sueño que siendo alcanzado, se convierte en único, desprovee de valor y ridiculiza cada deseo original en el que se esconde y del que se sirve. Sin depender en absoluto de la veracidad de aquel, de su percepción, interpretación y causa enlazadas, se muestra tan certero como eficaz, tan alejado del instinto animal como de la responsabilidad ajena, tan íntimo como externamente incomprendido y verdaderamente humano…

…protegerme de mí mismo.


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martes, 7 de diciembre de 2010

Confesiones de un miope

Sierra de Cazorla - Jaén.

Bendita ceguera confieso, miopía del mundo que habito y doble visión se me otorga: vida y situación vital… ¡qué disparate mortal, confundir la una con la otra!

Despejando voy cuantas dudas vienen, las acepto como tales… ¿qué pensabas?, como aceptar quisiera males, ventura, vida y muerte…

Horas que veo pasar, las saludo alegremente. Aferrarme a ellas no quiero, ni incendiar su marcha. Amigas de mis pupilas, amigas de mi alma…

Secuestrado en cavilaciones, les dirijo la mirada. Como luz crepuscular que el atardecer quiebra, observadas no resisten, se disuelven en la nada.

Diálogos de mi mente, intenciones para conmigo, sentimientos que derraman, cómo ella los devora y de argumentos se engrandece… que a todos me suscribo. Mas la presa se volvió escasa, que mis ojos, a buena hora, también reclaman…

Entretanto ‘solo’ obtengo soledad y aburrimiento. Afino la vista pues y ‘solo’ con él me hallo y de soslayo… me entretengo.

Y al acabar la confesión, aún escondo una treta. Velada en la pregunta “¿y ahora qué?” una última argucia espera. Confirmada la regla pues… y silencio por respuesta.

Bendita ceguera confieso, y gran hallazgo me muestra: que viendo a ese que siempre soy, no era entonces, quien antes viera…


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viernes, 26 de noviembre de 2010

Embudo temporal


No sabía cómo había podido llegar hasta allí, pero allí estaba.

A pesar de todo, su condición de hormiga no le permitía plantearse a fondo este tipo de cuestiones, tal vez a cambio de una incomprensible aptitud hacia ciertas proezas, a juzgar por seres de excelente raciocinio, do los hubiera.

Junto a un puñado de tierra blanca de granos bien definidos, había quedado encerrada en la cavidad inferior de un reloj de arena.

Incansablemente, sobre aquella superficie ‘innovadora’ y movediza, escudriñaba cada rincón en busca de una salida, y bien podría decirse que no sería el paso del tiempo lo que acabaría con toda su vitalidad, sino su dolorosa percepción del mismo: golpeada por su futuro inmediato, una lluvia feroz de piedras redondeadas, tan perseverante como ella, le provocaba dolor, al tiempo que la impulsaba con tesón hacia los límites de su celda.

Lo había probado todo, o casi todo, sin éxito alguno. Unas veces, trepando estoicamente por el montículo, creciente en altura y sufrimiento; otras, dejándose enterrar en su pasado, allá donde su movilidad sólo aparente la condenaba a pagar su imprudencia con intereses, hasta salir de nuevo a la superficie y reinventar su huída hacia ninguna parte.

En ocasiones, cesaba la rocosa tempestad y todo parecía aquietarse. Era entonces cuando, sin rozar siquiera el presente, lograba proyectarse hacia el futuro, mas no era sino más de lo mismo, un respiro fugaz e ilusorio en el que la bestia se vuelve para embestir de nuevo. Tras este revés, la caída se antojaba atroz, seguida nada menos que de una montaña… y vuelta al principio.

Esta historia no aportaría nada nuevo, de no ser por el prodigioso viaje que estaba a punto de emprender el insecto.

Ignorando la transparencia de su horizonte y acomodándose en la incertidumbre, ascendió por la pared cóncava de cristal siguiendo un camino espiral cada vez más inclinado. Agarrándose con firmeza a sus limitaciones, logró alcanzar el punto central en el que su vida era desgranada.

Con atención extrema hacia todo cuanto sucedía a su alrededor, el embudo se estrechó a su paso, hasta hacerse del diámetro justo de un único grano del rocoso elemento.

Su situación vital aún le exigía sortear obstáculos, pero ‘ahora’, justo en la frontera entre su pasado y su futuro, lo hacía de uno en uno. Cambiaba la trayectoria de cada piedra a su antojo e incluso era capaz, con su presencia, de detener la mismísima percepción del tiempo y el sufrimiento asociado a esta disfunción tan trascendental como desconocida.

Si bien una hormiga no precisa de ningún remedio para paliar un mal que no le acecha, la proeza de aquella criatura de rápidos andares y postura inmóvil, acompañada de cuantas cuestiones y sentimientos de inutilidad pueda suscitar tal ejercicio en semejante embudo temporal, sería a buen seguro incomprendida por determinados seres, tal vez a cambio de un extraordinario raciocinio, do los hubiera…


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viernes, 19 de noviembre de 2010

Pensar Vs Pensar-se

El tiesto y los tréboles


El sufrimiento es útil hasta que nos damos cuenta de su inutilidad.

Todo pensamiento dirigido hacia el exterior puede ser superado en eficacia
por cualquiera de los introspectivos, y estos subyacen a su vez
al pleno convencimiento de este orden de jerarquía.

Debemos ser como la planta que atraviesa el tiesto
y se aloja en él voluntariamente.

viernes, 22 de octubre de 2010

Yo

Cementerio de Père-Lachaise (París)


"La mente busca alimento incesantemente, y no sólo para el pensamiento; está buscando alimento para su identidad, para su sentido del yo. Así es como el ego (el yo separado) viene a la existencia y se recrea continuamente a sí mismo.

Cuando piensas o hablas sobre ti, cuando dices "yo", sueles referirte a "yo y mi historia". Éste es el "yo" de lo que te gusta y de lo que te disgusta, de tus miedos y deseos, el "yo" que nunca está satisfecho por mucho tiempo. Es un sentido de quien eres creado por la mente, condicionado por el pasado y que trata de encontrar su realización en el futuro.

¿Puedes ver que este "yo" es pasajero, que es una formación temporal, como una onda que recorre la superficie del agua?

¿Quién ve que esto es así? ¿Quién es consciente de que tus formas física y psicológica son pasajeras?

Yo soy.

Este es el "yo" profundo que no tiene nada que ver con el pasado y el futuro.

¿Qué quedará de todos los temores y deseos asociados con tu problemática situación existencial que consumen cada día la mayor parte de tu atención? Un guión de varios centímetros de largo entre la fecha de tu nacimiento y la fecha de tu muerte inscritas en tu lápida.

Para el ego, éste es un pensamiento deprimente.

Para ti, es liberador."

Eckhart Tolle - "El silencio habla"

viernes, 8 de octubre de 2010

Mansedumbre

"La entrega es la simple, pero profunda sabiduría de ceder más que oponerse al fluir de la vida. El único lugar donde usted puede experimentar el fluir de la vida es en el Ahora, así que entregarse es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas.

(...)

¿Escogería usted la infelicidad? ¿Si no la escogió cómo surgió? ¿Cuál es su propósito? ¿Quién la mantiene viva? Usted dice que es consciente de sus sentimientos de infelicidad, pero la verdad es que usted está identificado con ellos y mantiene vivo el proceso por medio del pensamiento compulsivo. Todo eso es inconsciente. Si usted fuera consciente, es decir, si estuviera totalmente presente en el Ahora, toda la negatividad se disolvería casi instantáneamente. No podría sobrevivir en su presencia. Sólo puede hacerlo en su ausencia.

Usted mantiene viva su infelicidad dándole tiempo, que es su elemento vital.
Suprima el tiempo por medio de la conciencia intensa del momento presente y morirá. ¿Pero quiere que muera? ¿Realmente ya está cansado? ¿Quién sería usted sin él?

Hasta que practique la entrega, la dimensión espiritual es algo sobre lo que lee, habla, con lo que se emociona, acerca de lo que escribe libros, en lo que cree, o en lo que no, según el caso. No hay ninguna diferencia. Sólo cuando usted se entrega se vuelve una realidad viva en su vida. Cuando usted lo hace, la energía que usted emana y que entonces gobierna su vida es de una frecuencia vibratoria mucho más alta que la energía de la mente que aún gobierna nuestro mundo, la energía que creó las estructuras sociales, políticas y económicas existentes en nuestra civilización. Y que también se perpetúa a sí misma continuamente por medio de nuestros sistemas educativos y de nuestros medios de comunicación. A través de la entrega, la energía espiritual llega a este mundo. No genera sufrimiento para usted, para los demás seres humanos o para cualquier otra forma de vida del planeta. Al contrario de la energía de la mente, no contamina la Tierra y no está sujeta a la ley de las polaridades, que determina que nada puede existir sin su contrario, que no puede haber bien sin mal. Los que funcionan con la energía de la mente, que son todavía la inmensa mayoría de la población de la Tierra, siguen siendo inconscientes de la existencia de la energía espiritual, la cual pertenece a un orden diferente de la realidad y creará un mundo diferente cuando un número suficiente de seres humanos entren en el estado de entrega y así queden totalmente libres de negatividad.

Si la Tierra ha de sobrevivir, esta será la energía de los que habiten en ella.

Jesús se refirió a esta energía cuando hizo su famosa afirmación profética en el Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los mansos; ellos heredarán la Tierra".

Es una presencia silenciosa, pero intensa, la cual disuelve los patrones inconscientes de la mente, que pueden seguir aún activos por un tiempo, pero ya no gobernarán su vida. Las condiciones externas a las que uno se resistía tienden también a cambiar o a disolverse rápidamente por medio de la entrega. Es un transofrmador poderoso de las situaciones y de la gente. Si las condiciones no cambian inmediatamente, su aceptación del Ahora le permite elevarse por encima de ellas.

En cualquier caso, usted es libre."

Eckhart Tolle - "El poder del ahora"

lunes, 4 de octubre de 2010

Ciclos

Atardecer en la playa de la Barrosa (Chiclana)

"No ofrecer resistencia a la vida es estar en un estado de gracia, sosiego y levedad. Ese estado ya no depende de que las cosas sean de cierto modo, buenas o malas.

Parece casi paradójico, sin embargo, que cuando su dependencia interior de las formas ha desaparecido, las condiciones generales de su vida, las formas externas, tienden a mejorar en gran medida. Las cosas, las personas o las condiciones que usted pensaba que necesitaba para su felicidad llegan ahora a usted sin esfuerzo de su parte y usted está libre para gozarlas y apreciarlas, mientras duren.

Todas esas cosas, por supuesto, se irán, los ciclos irán y vendrán, pero una vez desaparecida la dependencia ya no hay temor a la pérdida.

La vida fluye con facilidad."
Eckhart Tolle - "El poder del ahora"

sábado, 11 de septiembre de 2010

Brotes de sinceridad

Fuente De (Cantabria)


¿Alguna vez habéis divisado un paisaje montañoso de picos escarpados, semiocultos entre espesas nubes de algodón, desde un lugar aún más elevado e inaccesible?

Mi casa tiene forma circular y su superficie no alcanza más allá de un metro cuadrado. Carece de paredes y techo y se sustenta por medio de un único pilar que atraviesa hacia abajo el cielo para apoyarse en la espesura, adonde jamás llegan mis ojos.

Todos mis enseres se encuentran justo en el centro de la estancia, el punto más distante del abismo que los rodea, y en cuanto a mí, suelo hacer vida en torno a ellos, en un anillo de dos cuartas de ancho como máximo.

A decir verdad, la distancia que resta hasta el borde donde acaba el suelo, me preocupa demasiado.

Afortunadamente, y a pesar de que cuanto poseo está apoderándose de una considerable porción de mi espacio vital, procuro siempre que esta franja de seguridad que me separa del vacío crezca indefinidamente, y lo consigo.

Como es lógico pensar, y dado que no puede alcanzarse todo en la vida, mis movimientos son ahora bastante más limitados, pero es indiscutible que he ganado mucho en seguridad y pertenencias, aunque haya tenido incluso que aprender a caminar de lado, como los cangrejos…

Por cierto, lo que tengo es mío… ¡ni que se hubiera levantado del cielo!

¡¡Ahh!! Se me olvidaba. Como bien he dicho, mi refugio no tiene techo ni paredes. Sin embargo, un centenar de lienzos decorados en varias millas a la redonda, cuelgan de un sinfín de pérgolas radiales sujetas al extremo del pilar que me sustenta, unos metros más arriba de mi cabeza. Por inaccesible y por lo tanto intangible, no considero esta estructura de mi propiedad, y ni tan siquiera la de mis ancestros, pero su apariencia desde abajo… ¿qué os voy a contar que no veáis?... ¡¡¡el más bello de los palacios en la más alta de las cimas!!! Ni que decir tiene que esta escasez de suelo me permite, a excepción de mi propio apoyo, contemplaros todo, absolutamente todo cuanto subyace a mí.

Gracias a la esmerada educación que me dieron, abandoné muy pronto los juegos de niños, en los que solía buscar las estrellas mirando hacia arriba (incauto), y pasaba horas al borde del precipicio, haciendo equilibrio y con la mirada perdida en algún lugar inmundo de allá abajo… ¡qué escalofríos!

En fin… tengo que dejaros… se me acumula la miseria.

Bastará como siempre con estirar el brazo con cuidado y dar unos golpecitos para introducirla aquí abajo en forma de cuña.

Creo que esta vez me dará para ganar algunos centímetros más…


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